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sábado, 16 de septiembre de 2023

INTERPRETACION DE “SI TU SUPIERAS COMPAÑERO”, DE ROSALIA.

Esta obra de Rosalía aparece en el álbum “Los Ángeles” (2017), y es la canción elegida para el momento cúlmine de la película “The Flash” (2023), donde el protagonista viaja en el tiempo para reencontrarse con su madre y resolver su crimen.

Rosalía también tiene un videoclip donde sugerentemente todo el tiempo aparece con un cartel detrás que reza: “Jesus Save”.

Toma este puñal dorao

y ponte tu en las cuatro esquinas

y dame tu de puñalas

y no me digas que me olvidas

y no me lo digas jamás.


Que con el aire que tu llevas

que cuando vas a navegar

que hasta el farol de la cola

que me lo vas a apagar

Estas dos estrofas corresponden a la obra “Toma este puñal dorao” (1996), versos de Rosario Monje, popularizadas por Carmen Linares, cantante de flamenco español. Son versos que la narradora cita para expresar como se siente al inicio de la composición: es un momento de dolor y de miedo.

La narradora es una mujer que está muriendo por una enfermedad, y está ante la presencia del Arcángel Rafael, de su hija, y de su compañero (novio o esposo). Tiene miedo de que su hija, por ser tan joven, y por el ritmo con el que vive, la olvide; con estas estrofas quiere decirle que es capaz de aceptar cualquier sufrimiento por ella.

Del mundo leguas y leguas
Y aunque mi cuerpo ha corrí'o
Del mundo leguas y leguas
Como aquí me he deja'o el alma
Y aquí he vení'o a por ella
Aunque mi cuerpo ha corrí'o
Del mundo leguas y leguas

Estos versos pertenecen a la obra “Del mundo leguas y leguas” (1933), de La Niña de los Peines, y son citados para expresar la idea de que el mundo es muy grande, y que se la pasó corriendo, buscando, pero no encontró plenitud, y ahora va a dejar este mundo, morirá: llegó el momento donde el alma se separa del cuerpo.

Porque sale te ofende

Si yo supiera, compañero

Que el sol que sale, te ofende

Con eso me peleara

Que yo aunque me dieran la muerte

Con el sol me peleara
Que yo aunque me dieran la muerte

En estos versos la narradora menciona que sería capaz de pelear contra cualquier cosa que ofenda a su novio o esposo. Interpreto que es su novio o esposo, aunque el texto lo menciona como “compañero”, ya que el Arcángel Rafael es el patrono de los novios y matrimonios. Podría interpretarse como una promesa de cuidarlo desde el cielo.

Madre, tiene la reina de mis entrañas

Dos abanicos negros que por pestañas

Que por pestaña', niña, que por pestañas

No hay niña que las tenga por to'a la España

Aquí la narradora se refiere a su madre espiritual, es decir, a la Virgen María, le encarga el cuidado de su hija a la que describe como la más hermosa de España.

Y te voy pintando y pintando

Al ladico del brasero

Y a la vez me voy quemando

Por lo mucho que te quiero

Válgame San Rafael

Tener el agua tan cerca y no poderla beber

En estos últimos versos la narradora describe que está memorizando la imagen de su hija, y que eso le ocasiona tanto dolor como —finalmente— plenitud. Interpreto así, ya que la referencia a las brasas es una analogía a la medicina que el Arcángel Rafael le recomendó a Tobías (Ver Tb. 6, 17; Tb 8, 2-3).

En la escena bíblica, Tobías —por consejo del Arcángel Rafael— quema parte del hígado y del corazón de un pez en brasas de incienso, y de esta manera provoca un humo que espanta al demonio Asmodeo; por esto, y por la oración que realizan con Sara (remedio natural y remedio espiritual), Dios les concede la gracia del matrimonio, sin que el demonio los moleste.

En esta escena final la narradora entrega su amor también en sacrificio, como símbolo de la obediencia a Dios, y por consejo de Rafael. Le expresa asombro al ángel — Válgame San Rafael—, probablemente porque ahora, que es alma, experimenta la plenitud del amor, algo que no pudo cuando tenía cuerpo.

Rafael significa “Dios ha curado”, las razones por lo cual se lo considera patrono de los enfermos, de los novios y matrimonios se pueden ver en la Biblia, en el libro de Tobías.  







 


sábado, 6 de julio de 2013

LOS ESCRIBAS Y LOS TRIBUNALES.



Fue al mediodía en un viernes de otoño. A la mañana había caído una de las primeras heladas de la estación y por eso mucha gente cargaba el abrigo que a esa hora ya no hacia falta. La sala de visitas ya estaba vacía, limpia y oliente a lavandina. Yo estaba solo ahí, esperando un cliente, cuando llegó ese abogado. Buen día joven, me dijo, mientras se sentó y se empezó a desabrigar. Era un señor gordo, barbudo y grandote, tenía un saco de cuero porcino, y, en la entrada, los guardias –que parecía que ya lo conocían bien- le habían preguntado dónde lo había comprado. Yo leía mis fotocopias y trabajaba en una defensa casi sin esperanzas.  

Hoy heló por primera vez, le dije. Yo vengo de Chicoana y vi varios campos helados. El hizo un comentario, primero asintiendo lo que había dicho, pero luego llenó de significado jurídico una observación simple del tiempo.

Empezó diciendo que si los jueces vieran el contexto en que estamos, el ambiente, ese paisaje que yo había ilustrado, otras serían las sentencias. Pues, nuestra profesión es una disciplina holística. Pero muy pocos la ven así, agregando que muchos permanecen siempre ensimismados en un mundo de leyes, absortos de otras disciplinas y eso genera decisiones carentes de razón y que llevan a consecuencias nefastas. Me invitó a recordar el preámbulo de la constitución, diciendo que ahí estaban los principales objetivos al que debían aspirar las decisiones.

Me quedé pensando: constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad.

Le comenté mi caso y me dijo, que las decisiones también tenían que tener misericordia. Más aún en un contexto como en el derecho penal, donde vemos las mayores miserias humanas. El abogado que no lee el evangelio, agregó, nunca lo va entender. Y cito el pasaje de Cristo y los Escribas, diciendo frases tales como Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés”; “los escribas y los fariseos son unos hipócritas, porque cierran el reino de los cielos delante de los hombres, al que ni ellos entran, ni dejan entrar, (...) porque han descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que deberían haber hecho, sin descuidar aquéllas”.[1]



[1]  Mateo. 21, 12; 21, 23; Mateo 23, 1-39: