Solemos creer que la tristeza es un sentimiento privado, algo que ocurre exclusivamente dentro de nuestra cabeza. Sin embargo, poetas como Manuel J. Castilla intuyeron una verdad más dura y profunda: no somos espíritus flotando en el vacío; somos, en gran medida, los lugares que habitamos y los oficios que ejercemos.
En su conmovedora obra "El tren de Alemanía", Castilla nos ofrece mucho más que una despedida nostálgica. Nos presenta una radiografía de qué nos sucede a los seres humanos cuando la maquinaria que sostiene nuestra vida se detiene.
No es un país, es un destino final
Para entender la potencia de esta obra, primero debemos despejar un equívoco común. El poeta no habla de la nación europea, sino de la Estación Alemanía, un paraje real en el departamento de Guachipas, Salta. Este lugar no fue elegido al azar: fue durante décadas la "punta de riel" del Ramal C-13, un proyecto que prometía unir el Atlántico con el Pacífico y que, en muchos tramos, quedó trunco.
Para entender el lugar: Podés leer la historia de esta estación fantasma y ver fotos de su arquitectura abandonada en este artículo sobre la
.Estación Alemanía (Wikipedia)
Al situar el poema allí, Castilla nos ubica en un "fin de vía". No es un lugar de tránsito, sino un lugar donde las cosas mueren o se detienen. El tren, que en la literatura suele ser símbolo de progreso y futuro, aquí aparece descrito como un "crisantemo de humo". La imagen es letal: el hierro y la potencia de la máquina se transforman en una flor funeraria hecha de vapor, algo que se deshace en el aire apenas aparece.
Dime qué haces y te diré quién eres
Una de las ideas más interesantes para pensar esta obra es que nuestra identidad depende de nuestros rituales y trabajos. En el poema, el hijo le pide al padre: "Ponte la gorra... toca la campana".
El padre es un ferroviario. Su ser, su dignidad y su autoridad emanan de esa gorra y de esa campana. Pero el drama reside en que el entorno ya no responde. El verso "que ya no hay nadie en la boletería" es devastador. No es una metáfora de la soledad sentimental; es un dato de la realidad económica. Si no hay pasajeros, si no hay boletos, el ferroviario se convierte en el actor de una obra que ya nadie mira.
Lectura recomendada: El periodista Carlos del Frade utiliza este poema para analizar cómo el cierre de los ramales ferroviarios en Argentina destruyó no solo la economía, sino la identidad de los pueblos. Podés leer su análisis y el poema completo aquí:
.El tren que nos quitaron (Agencia Pelota de Trapo)
Castilla nos muestra que cuando nos quitan la herramienta y el propósito material de nuestro día a día, nos convertimos en fantasmas. El padre sigue tocando la campana, pero el sonido ya no anuncia nada; es puro eco en un andén vacío.
La muerte de la comunidad
Finalmente, la obra sentencia: "Nadie despide a nadie en los andenes". Las estaciones de tren siempre fueron los grandes escenarios de la emoción humana: el abrazo de llegada, el llanto de partida. Eran el corazón social de los pueblos.
Cuando el tren se vuelve "remoto" y el servicio decae, ese tejido social se rompe. La soledad que describe Castilla no es psicológica (no es que la familia esté deprimida porque sí); es una soledad estructural. Están solos porque el sistema que los unía al resto del mundo se ha retirado. La "melancolía" de la madre es la respuesta lógica de quien ve cómo su mundo se encoge hasta desaparecer.
El verso final, "Adolescente con ustedes muero", nos revela la última lección: cuando muere nuestro paisaje y nuestro contexto, una versión de nosotros mismos muere también. No somos los mismos sin ese tren, sin esa casa y sin ese horizonte. Somos nuestra circunstancia, y si ella desaparece, nosotros nos desvanecemos.
Esta zamba fue inmortalizada por la música de Patricio Jiménez y la interpretación del Dúo Salteño, quienes lograron capturar con sus voces ese sonido de "campana" y de vacío que describe el texto.
Esta versión es la referencia ineludible porque el Dúo Salteño trabajó directamente con Castilla, logrando que la música no solo acompañe, sino que "complete" el paisaje sonoro de la estación abandonada.
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